Fondo de Desendeudamiento Argentino

18 abril, 2010 | Categorías: Pensamiento Político

Sesión 13/04/10

Señor presidente: la verdad es que ha sido un larguísimo debate sobre un tema trascendente para el país, y me parece que, salvo rarísimas excepciones, esta Cámara de Diputados ha estado a la altura de las circunstancias,

Coincido con la señora diputada Mendoza: en realidad ningún gobierno es tan virtuoso como para solucionar los problemas de un país, ni ningún gobierno es tan defectuoso como para condenar a ese país para el resto de su existencia.

Por esta razón tenemos que hacer un gran esfuerzo para que el próximo turno de gobierno no tenga que repetir la historia de empezar de nuevo en la Argentina. Me parece que esta ya es una enseñanza, que el gobierno que asuma en el 2011 no diga “conmigo empieza la historia”. La Argentina va a cumplir doscientos años y son doscientos años de experiencia vivida y que hay que aprovechar.

Pero así como digo esto, me parece que en algún momento tenemos que dejar el pasado para los historiadores, porque la obligación del dirigente político es solucionar los problemas del presente y proyectar el futuro para las generaciones que vienen. Discutir el pasado y fundar las medidas del presente en el fracaso del pasado es un error que los argentinos cometemos reiteradas veces.

Acá se han dicho algunas cosas sobre las que me parece que hay que reflexionar. En primer lugar, se ha dicho que sólo ha habido un debate constitucional, y es así, efectivamente. El debate debió ser constitucional porque acá está en juego la aceptación o no de un instrumento fijado por la Constitución Nacional.

Toda la noche se ha hablado de este tema. Adhiero fervorosamente a la posición de la doctora Carrió. Creo que blindó el tema. Ese discurso sobre el tema jurídico cierra cualquier posibilidad de agregar algo. En el mismo sentido, también adhiero a las manifestaciones vertidas por los señores diputados Gil Lavedra, Ferrari, Solá y Pinedo, y no quiero reiterarlas.

Evidentemente, ha habido un error –para adjetivar la situación de alguna manera-, porque no es posible inaugurar las sesiones ordinarias de la Cámara de Diputados y del Senado de la Nación anunciando en el recinto que se va a enviar un decreto de necesidad y urgencia para saltear al Parlamento.

Se trata de un error que tiene un costo; no hay costo cero. Todos los inconvenientes que se le han causado al país tienen como fundamento el error que cometió la presidenta en este recinto. Nosotros no podemos dejar pasar ese error, porque califica la calidad institucional del país.

Fuera de la cuestión constitucional, se ha dicho reiteradamente que el gobierno ha construido las reservas. Se ha mencionado que en 2001 había 8.000  millones de dólares de reservas en el Banco Central, mientras que ahora hay 41.000 millones, como si el gobierno hubiera tenido la virtud de atesorar los recursos que andan por la calle.

Las reservas son el resultado del comercio exterior y no tienen costo cero. Lo tendrían si el gobierno tuviera superávit fiscal porque entonces,  con el superávit se comprarían las divisas que ingresan al país, que irían a parar al Tesoro o al Banco Central.

Durante estos años el comercio exterior tuvo un resultado positivo, producto del valor extraordinario que tienen nuestros bienes primarios en el mercado internacional. El gobierno, mediante el Banco Central, se apoderó de esos recursos, que son privados. El superávit del comercio exterior es privado y no público.

El gobierno se apodera de los dólares porque no tienen circulación legal en la Argentina. Pero como el gobierno no tiene recursos para adquirir esos dólares, emite billetes para comprarlos, y la emisión monetaria tiene un costo altísimo en la Argentina, ya que para evitar que genere inflación, el gobierno emite un bono que se llama LEBAC y que paga una tasa de interés anual del 13 por ciento. Es decir que el costo de las reservas no es cero, sino que cuestan un 13 por ciento en LEBAC al país.

Los 15.000 millones de dólares que seguramente ingresarán por el superávit comercial este año tendrán dos destinos: el gobierno deberá emitir para comprarlos con LEBAC al 13 por ciento, o habrá fuga de capitales. No hay otra manera.

Si el gobierno hubiera atesorado todo el superávit comercial que produjo el país en los últimos seis años, hoy en el Banco Central habría 80.000 millones de dólares. ¿Dónde están los 40.000 millones que faltan? Se fueron del sistema; se fugaron.

Esto se vincula mucho con la inconsistencia del plan económico, del que hemos hablado muchas veces en el recinto. Nadie saca capitales del país cuando hay rentabilidad: la inconsistencia del plan económico permite la fuga de capitales. Es decir que el gobierno no es el dueño de las reservas, sino que hace una buena política  de atesorar reservas, pero a un costo elevado.

También se ha dicho que la operación que está por hacer el gobierno es tan extraordinaria que inmediatamente subió el valor de los bonos y bajó el riesgo país. El valor de los bonos aumenta porque quien los tiene es un acreedor del país. Entonces, si al acreedor le decimos que le vamos a pagar la deuda, indudablemente ella valdrá más, y el riesgo país bajará, porque ese factor tiene íntima relación con la posibilidad del país de pagar o de no pagar la deuda. Ese es el riesgo país.

Cuando la Argentina tiene un riesgo país elevado y le cobran tasas de interés elevadas es porque no hay confianza en que el país pueda cumplir con sus obligaciones. Si la Argentina hoy paga el 13 por ciento de tasa de interés en el mercado mundial de capitales es porque no hay confianza en la Argentina. Sí hay confianza en Brasil o en Uruguay, por ejemplo, como se ha dicho.

Se trata de un problema de confianza en el país y en su economía. Mucho de esto está relacionado con la falsedad de las estadísticas, con la baja calidad institucional del país y con otras circunstancias que hacen escapar el riesgo por falta de confianza en la Argentina. Todo esto lo hemos dicho.

Hay un discurso reiterado de que la oposición no tiene propuestas. Pero, ¿cómo que no tenemos propuestas? ¿Qué es esto que estamos diciendo si no son propuestas?

Tenemos que entender que nos pasa lo que nos pasa ‑y si bien este gobierno no tiene toda la responsabilidad, sí tiene una alta responsabilidad‑ porque la Argentina no produce las riquezas que los 40 millones de habitantes necesitan para vivir dignamente. Este es el problema de la Argentina. ¿Cuál es la impugnación a este gobierno? Que dilapidó un tiempo precioso para iniciar el camino del desarrollo que construya las riquezas que el país necesita para que sus 40 millones de habitantes vivan dignamente.

La asignación universal por hijo no es la solución de ningún problema; es paliar la consecuencia de la pobreza. Si en la Argentina hubiera riqueza, no haría falta la asignación universal por hijo. Entonces, ¿por qué no nos concentramos en el problema?  Esto es lo que hay que discutir en el Parlamento, para que después no digan que no tenemos propuestas.

Cuando decimos que no vamos a aceptar el pago de la deuda con reservas del Banco Central a través de un DNU, estamos diciendo “manden un proyecto de ley y lo vamos a discutir en el Parlamento”. Pero para discutir un proyecto de ley hay que abrir la discusión del presupuesto, porque nosotros queremos saber con absoluta legitimidad cuáles son los ingresos con los que cuenta la Nación, dado que el presupuesto aprobado en diciembre ha quedado desactualizado en materia de ingresos.

Esto es así porque el presupuesto hace un cálculo del 6 por ciento de inflación en el año, y sabemos que la inflación no va a ser menor al 25 por ciento; es decir que el gobierno va a tener ingresos extraordinarios a través de la inflación. Además, cuando el gobierno mandó el presupuesto calculó que este año el país iba a crecer al 2 por ciento, pero todos los análisis indican que lo hará al 4 por ciento, lo que implica más recursos para el presupuesto. Es decir que –reitero‑ el presupuesto de ingresos ha quedado desactualizado. Por eso hay que discutirlo nuevamente.

Con los ingresos y con los gastos que va a tener el gobierno, incluida la deuda, este Parlamento tiene que saber si el gobierno necesita o no de las reservas para hacer frente al pago de la deuda.

Todos queremos que el gobierno refinancie las deudas a tasas más baratas. Tendremos que discutir cómo hace el país para construir confiabilidad, certeza y previsibilidad para que bajen las tasas de interés. Creo sinceramente que estos son los problemas que tenemos que discutir. Si esta no es la discusión central, si la oposición dice que este es el problema y esto no es una propuesta, me parece que estamos en otro escenario o hablando de otro país.

Tenemos que entender que la construcción de riquezas es el problema central de los argentinos, que su matriz productiva es nuestro problema y que para construir producción de alta calidad con bienes de altísimo valor agregado hace falta previsibilidad, confianza, inversiones y que no huyan capitales. Esa es la propuesta: construyamos entre todos un país en el que tanto el capital externo como el interno inviertan y en el que nadie quiera llevarse los capitales afuera porque la renta es suficiente para la reinversión. Cuando alcancemos ese objetivo no serán necesarios los planes sociales.

Todo eso no se construye de un día para el otro; no lo construye una generación y tampoco un gobierno. Nadie va a crear la patria para luego cerrar la ventana.  Esto se logra con el trabajo y el esfuerzo de generaciones, como lo hicieron los países que se han desarrollado.

Quienes nos impugnan desde afuera lo hacen porque somos excedentarios en recursos naturales, no en riquezas. En la Argentina nos hemos acostumbrado a vivir de nuestros recursos sin generar las riquezas necesarias.

Por lo tanto, ha llegado la hora de que reflexionemos entre todos, sin echarnos las culpas por lo que ha pasado y por lo va a pasar de aquí en adelante. Debemos dejar de construir el país a partir de la llegada de un nuevo presidente. Si no aprovechamos nuestros errores y la fortaleza de este bendito país que tenemos jamás saldremos de la pobreza. Tengamos en cuenta que hoy estamos condenando a un tercio de sus habitantes a vivir como pobres. Hace cuarenta años había sólo un millón de pobres, que representaban el 0,5 de la población; hoy el 30 por ciento de los argentinos somos pobres, y eso que han pasado nada más que cuarenta años.

Si me permiten, quisiera dar un ejemplo más. Ya hemos dicho en este recinto muchas de las cosas que han ido ocurriendo a lo largo de estos últimos cuatro años. Pero hay un tema que resulta paradigmático para probar las certezas de las afirmaciones que la oposición ha planteado reiteradamente en este recinto. Me refiero al tema de la carne. Hace dos años que venimos diciendo que la política ganadera es equivocada. En su momento advertimos que si no se alentaba la inversión nos íbamos a quedar sin carne y la Argentina se vería obligada a importar ese producto. ¿Cuál es el corolario de aquellas especulaciones? El país se comió las madres, se comió las crías, y hoy no hay oferta suficiente de carne, motivo por el cual el precio sube. La mala noticia es que estamos importando carne de Uruguay. A fin de año la Argentina habrá importado un millón de toneladas de costilla, porque en el mercado interno no contamos con la oferta necesaria.

Esto tiene que ver con la inconsistencia de las políticas económicas. No es una crítica; simplemente es una manifestación que nos puede servir para aprovechar nuestros errores. La política agropecuaria fue la equivocada, salvo en lo relativo al tema de la soja, básicamente por los dividendos que da esta oleaginosa.

El irresponsable endeudamiento de los 90 hipotecó el futuro de las nuevas generaciones. Hoy todos nos estamos haciendo cargo de esa hipoteca. No podemos consentir que este simulacro de desendeudamiento –que en mi opinión hay que poner en evidencia‑ abra las puertas a una nueva generación de endeudamiento público simplemente para financiar gastos corrientes.

Reitero lo que ya he expresado en varias oportunidades: el gobierno ha repetido viejos errores de la Argentina. Digo esto porque aumentó el gasto público indiscriminadamente sin fijar prioridades, a pesar de que no contaba con el financiamiento necesario. Por eso, al principio fue por los fondos de las provincias y se apoderó de sus recursos. Al poco tiempo ya no le alcanzaban esos recursos y quiso meter mano en el sector agropecuario, al que hoy le cobra un 35 por ciento de retención; la consecuencia de esa medida es la poca inversión que se registra en el sector. Pero como tampoco le alcanzó con esos fondos, se apoderó de los recursos de los jubilados. Todo esto lo dijimos en este recinto y todavía se sigue defendiendo esta posición. Se apoderó de los fondos de los jubilados para financiar el creciente gasto público.

Por último, acude a las reservas para financiar los gastos corrientes. Reitero que el gasto corriente se financia con reservas. Se viene un nuevo endeudamiento en la Argentina y el desendeudamiento es para endeudar al país. El festival de bonos es lo que va a seguir, tanto de la Nación como de las provincias.

El desfinanciamiento de las provincias hoy se va a pagar con bonos. Esta deuda que van a adquirir las provincias también la paga la Nación. Finalmente, es el cuerpo social el que paga la deuda.

No todos los endeudamientos son malos. Este endeudamiento es dañino porque está hecho solamente para financiar gasto corriente, sin siquiera meterme en cuál es el destino del gasto corriente, un gasto absolutamente improductivo.

Al señor presidente de la bancada del Frente para la Victoria le digo que queremos salir del default y queremos pagar la deuda. No queremos ajustes, pero tampoco queremos inflación. La inflación es el peor de los impuestos. Cada vez que una persona pobre va a comprar un alimento con inflación, se queda con un pedazo del salario. Es un impuesto que está virtualmente puesto en la góndola de los supermercados.

Como estamos dispuestos a respetar el mandato de nuestros representados, nos vamos a seguir oponiendo a que el gobierno nacional se apodere de los recursos de las provincias, del recurso de los que producen, del recurso de los jubilados y ahora del ahorro de todos los argentinos, expresado en forma de reservas del Banco Central.

Sin un programa económico consistente que atraiga inversiones, que no ahuyente capitales, que ataque el flagelo de la inflación, de la pobreza y de la exclusión social, nosotros, los integrantes de la oposición, estamos dispuestos a resistir y a dar el combate que nuestros representados nos reclamaron el 28 de junio del año pasado.

Por último, quiero decir solamente dos cosas. Primero, que un gobierno con tantas virtudes no tendría por qué tener problemas para aprobar este desendeudamiento. Si tienen problemas y no tienen el número, quiere decir que las virtudes no son tales, y ahí hay que empezar a reflexionar sobre el tema de las debilidades de este gobierno, porque la Argentina no tiene derecho a perder dos años más.

Finalmente, quiero decir que toda la oposición va a rechazar este decreto de necesidad y urgencia por entender que es nulo de nulidad absoluta e insanable.

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