Derogación retenciones móviles

5 julio, 2008 | Categorías: Pensamiento Político

Derogación de la resolución 125 Retenciones móviles – Sesión 04/07/08

Señor presidente: acaba de llegar a mi poder el despacho de mayoría. Desgraciadamente, la ratificación de los artículos 1º, 2º, 9º y 14 impide que este bloque de la Unión Cívica Radical acompañe el proyecto del oficialismo.

Pero quiero decir que esto no debe disparar alineamientos acríticos ni tampoco levantar barricadas entre el oficialismo y la oposición. Ojalá estemos viviendo una hora argentina. Pero creo, señor presidente, que este Congreso de la Nación ‑como dijo el señor diputado Sarghini‑ no puede cometer la torpeza de convertir en ley la causa que motivó el conflicto.

Nosotros, como Congreso de la Nación , no podemos perder la oportunidad que tenemos de legislar en beneficio de la paz social y del progreso de la Nación , porque esa es nuestra misión. Ninguna ley puede impulsar la discordia entre el pueblo argentino. Sería un acto de extrema torpeza.

Señor presidente: si nosotros no resolvemos el conflicto, otros lo harán. Lo resolverá la Corte , o las rutas. No lo permitamos.

¡Somos nosotros quienes debemos resolver este conflicto!

La Argentina no necesita cortes de ruta, y tampoco que una ley votada por las mayorías parlamentarias pueda ser resuelta por la Corte Suprema de Justicia de la Nación.

No hay que crear antinomias. Lo voy a decir con mucho respeto. En estos días hemos escuchado discursos de todos lados, con un altísimo espíritu de confrontación. Por eso estamos convocando a la paz social. Pero escuché un discurso que me llamó la atención, y a lo mejor en el error de ese discurso puede estar la matriz que no nos permite resolver este conflicto.

Alguien por ahí quiso enfrentar a la clase media argentina con la clase trabajadora. Quizá no se comprendió el valor genético de nuestra clase social en la Argentina. Desde el pensamiento de Sarmiento, pasando por Carlos Pellegrini, Hipólito Yrigoyen y Juan Domingo Perón, los inmigrantes argentinos y los obreros argentinos se convirtieron en ciudadanos de clase media. ¡Los obreros argentinos son clase media, señor presidente! Prueba de ello son los grandes cordones industriales del país, las grandes fuerzas del trabajo que anidan en el campo argentino, el zapatero, el carpintero, el carnicero, etcétera.

La clase media, señor presidente, no es un problema de billetera. La clase media es una actitud: la que tuvieron nuestros abuelos inmigrantes, que trabajaron para que sus hijos estuvieran mejor que ellos. Esa es la clase media, la que tiene la voluntad de que sus hijos estén mejor que ellos.

Si nosotros creamos las antinomias y además nos dividimos, vendrán las minorías a hacerse cargo de nuestros desencuentros. ¡No lo podemos permitir! Las mayorías parlamentarias sustentan el valor de la democracia. En el seno de este recinto está el valor del sistema democrático y republicano de la Patria.

Señor presidente: desde el punto de vista constitucional muchos van a hablar en este recinto y van a hacer apreciaciones jurídicas mejores que las que yo puedo hacer. Pero quiero decir dos cosas. Las retenciones tal como se cobran son confiscatorias porque, como se cobran sobre el bruto, nadie sabe cuál es la utilidad. Si un chacarero tiene un 30 por ciento de utilidad y la retención es del 40 por ciento, le están robando un 10 por ciento de propiedad privada, que es la que nosotros debemos defender. A esto se refiere el artículo 17 de la Constitución Nacional. Es probable que no pueda dar fe de lo que estoy diciendo porque nadie sabe cuál es la utilidad si se cobra sobre el bruto.

La resolución 125 también es inconstitucional porque delega en el Poder Ejecutivo una facultad extrema que solamente compete al Congreso de la Nación. En este país nadie tiene derecho a apropiarse del patrimonio de nuestros contribuyentes y de nuestros representados sin la autorización del Parlamento.

En muchas oportunidades, fundamentalmente durante su campaña, la señora presidenta dio un discurso que se puede sintetizar en lo expresado el 21 de mayo de este año. La señora Cristina Fernández de Kirchner consideró que la clave para seguir creciendo consiste en abandonar el sesgo primario de la producción y dar valor agregado a las exportaciones. Señaló que una tonelada de exportación de la industria automotriz equivale a 25 mil dólares, mientras que la matriz del campo representa 240 dólares. La señora presidenta tiene absoluta razón.

Sin embargo, estoy convencido de que este ataque al entramado agro‑industrial‑comercial es en el fondo un abandono del pacto electoral. Por eso, cuando muchos diputados del oficialismo dicen que la señora presidenta tiene derecho de hacer lo que hace porque ganó la elección, yo respondo dos cosas: primero, ganar la elección significa un pacto constitucional de no violar la ley y, segundo, una promesa de cumplir con ese pacto que se estableció en la campaña.

La presidenta nos prometió sacarnos del subdesarrollo, convirtiendo nuestras riquezas primarias en riqueza con valor agregado y trabajo acumulado. Eso es lo que no se está cumpliendo en la Argentina. Ese déficit en reconvertir nuestra matriz productiva es lo que nos sumerge en el subdesarrollo y en la inflación. La causa de la inflación está en la raíz de este proyecto y en la falta de inversiones en nuestro país.

Dicen que este proyecto, que es una herramienta de política económica, distribuye riqueza. Pero debo señalar que las herramientas no se distribuyen. Las herramientas son “para”. Las retenciones, los impuestos, el tipo de cambio, la política presupuestaria, en el caso argentino, son herramientas para atraer inversiones de riesgo, aquellas que recambian y recalifican nuestra matriz productiva.

La Argentina exporta su riqueza a 500 dólares por tonelada, pero cada vez que compramos una tonelada que viene del extranjero, la pagamos 1.500 dólares. En esa matriz está el subdesarrollo: nadie que gana 100 puede gastar 150 sin fundirse.

Yo tenía fe en que la señora presidenta nos iba a situar en un mundo donde nuestra matriz de exportación superara los 1.000 dólares. Para ello hay que trabajar e incentivar las inversiones de riesgo.

Me duele mucho tener que reconocer lo que está haciendo Brasil. El presidente Lula juntó hace dos días en Curitiba a los trabajadores agropecuarios y les dio créditos por 48 mil millones de dólares para la próxima cosecha, para que inviertan en maquinarias, en semillas y fertilizantes. Además, les dijo: “En Brasil no hay retenciones”. Pero también señaló algo más grave: “No dependamos del trigo argentino” ¿Saben lo que significa “no dependamos del trigo argentino”? Que nuestro país genera para afuera incertidumbre, no certidumbre, que es lo que atrae inversiones.

Estas leyes dictadas por funcionarios, que no tienen nada que ver con la Constitución jamás generarán certeza para atraer inversiones. El largo plazo, que es el que estamos reclamando, está en la ley. La ley es la que crea reglas de juego insustituibles para el inversor.

La Constitución y su respeto crean normas de juego para que los inversores puedan venir a invertir su riesgo. De ninguna manera el corto plazo que significa la resolución de un ministro puede generar certezas. Y esto es lo que nos está pasando.

Lo digo como una crítica con valor constructivo. Esperábamos que la señora presidenta de la Nación nos pudiera decir: productores del campo argentino que producen 100 mil millones de toneladas de cereales, pongámonos el objetivo de producir 150 mil millones de toneladas de cereales.

El año pasado en la Argentina se consumieron un millón de vientres, novillos chicos que estaban siendo criados por sus madres. ¡Por Dios, hay que volver a invertir en nuestros rodeos! El objetivo debe ser a diez años; dupliquemos el rodeo; ¡ésta es una política de Estado!

El mundo necesita carne, cereales, proteínas. Pongámonos a trabajar en vez de discutir, como estamos discutiendo, en el fondo, cosas menores. La señora presidenta de la Nación lo ha dicho hace dos días: “¡Por un puñado de dólares!” Pero claro, tiene razón, estamos frente a un presupuesto de 200 mil millones y estamos discutiendo mil millones. ¡Por un puñado de dólares este conflicto! No tiene sentido, si nos podemos poner de acuerdo.

Hace falta el pacto del Bicentenario. Hace falta que acordemos definitivamente crear trabajo en la Argentina. El trabajo es el verdadero capital de las naciones. No hay otro bien. Desde Adam Smith el trabajo sigue siendo el único valor y riqueza que tienen las naciones.

Me refiero al trabajo acumulado, el que va generando riquezas, patentes, conocimientos, ciencia, tecnología, todo lo que se puede agregar a la riqueza que producen nuestros chacareros.

Además tenemos la grave dificultad, advertida por este Congreso, de tener que quedarnos sin petróleo y gas. Nuestra matriz energética está en crisis, y esa incertidumbre energética también genera desconfianza en los inversores.

Mientras hoy estamos discutiendo por mil millones de dólares, vamos a gastar este año cuatro mil millones de dólares en importar gas y petróleo porque nos hemos quedado sin ellos. Pensamos que ENARSA era una empresa que había sido creada para explorar nuestro litoral atlántico y extraer petróleo y gas. Pues no, ENARSA ha sido creada para importar de Venezuela petróleo y gas desde Bolivia.

¿Por qué no discutimos esto? Estamos discutiendo imponer retenciones, es decir trabar el progreso y la riqueza. ¿Son las retenciones una herramienta para impulsar la riqueza y la producción de nuestros productores agropecuarios? No, son todo lo contrario.

Además hay que saber –y en esto también está la solución del conflicto- lo que han subido los insumos que usan los chacareros en el campo. Se disparó el precio del petróleo, y -en casi cien años de vida industrial‑ nosotros no hemos sido capaces de producir esos insumos, fertilizantes, agroquímicos, semillas y maquinarias agrícolas: hoy tenemos que importarlas a valor petróleo. Quiero saber cómo se computa ese escape de la matriz energética a la hora de verificar si las retenciones son o no son confiscatorias.

Todos los productores dicen que los pequeños productores han empezado a perder plata. Esto significa que el Estado se va a apropiar de su propiedad privada. Este Congreso no puede permitir esa exacción. .. Nosotros debemos resolver este conflicto .

No me voy a extender. Simplemente , quiero señalar que durante todo este tiempo hemos dicho que era necesario convencer y no vencer , u na frase cargada de aqu e l Unamuno que en Salamanca enfrentaba al general José Mill án Astray en el paraninfo de la Universidad de Salam anca en octubre del año 1936, el Día de la Raza. España entr ó en ese tiempo en una convulsión contra el fascismo del cual logró salir mucho tiempo después. Setenta años después de aquel hecho protagonizado por Unamuno ‑ est á grabado en el paraninfo de la Universidad de Salamanca ‑ España es un país que apunta al desarrollo pleno.

Nosotros en aquel tiempo estábamos mejor que España. Recuerden, si no, cuando le mandamos trigo para ayudar a sus penurias. Si esta ley se aprueba no nos habrán convencido ni vencido, y tampoco habrán vencido ni convencido a nuestros chacareros, a quienes –les adelanto‑ nadie va a poner de rodillas.

Dejar un Comentario

Kreas Arkhe vmn