Impuesto a las Ganancias
Impuesto a las Ganancias – Sesión 08/2007
Regodearse de los récords recaudatorios sin analizar sus consecuencias en la inversión y la reproducción ampliada de riquezas, es mirar con un solo ojo el proceso de acumulación de capital que determina la suerte de nuestra sociedad y el modelo de reindustrialización presente en el discurso oficial, visible en algunos segmentos productivos y ciertas regiones, pero demasiado sujeto todavía a la coyuntura internacional de precios.
Mantener y consolidar el rumbo, recrear confianza en nuestros emprendedores, atraer capitales con tecnología, diseminar inversiones en todo el territorio no expuestas a arrebatos electorales que lastiman la confianza y el manejo de las variables económicas son las leyes que necesitamos para reforzar la búsqueda del logro de objetivos de largo plazo.
“Reconozco que esta noche me han sorprendido dos cuestiones de dos discursos. Uno de ellos tiene que ver con la exposición que acabo de escuchar, porque trajo a mi recuerdo la frase de a mi juicio un ignorante que fue ministro de ustedes y nuestro. Decía que el precio y el valor eran la misma cosa. Esto lo manifiesto porque algunos andan diciendo por ahí incluso escribiendo en los principales diarios del país- que un kilo de lomo puede valer más que un kilo de Audi, es decir, de tecnología. Esto que sólo puede darse por circunstancias coyunturales excepcionales, debe ser descalificado con todo nuestro esfuerzo, ya que siempre, hay incautos a los que puede deslumbrar la idea. Si Argentina ingresa por ese camino muy mal nos va a ir. Es como creer que el proceso de acumulación de capital es obra de la literatura económica y no tiene nada que ver con el valor de los bienes en el proceso de intercambio. Lo cierto es que este concepto de valor debemos referenciarlo con la cuantía que significa la incorporación de inteligencia, trabajo, ciencia, tecnología, innovación permanente, lo que también se reflejan en la propiedad de las patentes, por lo que compite el sector privado.
Algunos quieren convencernos de que debemos seguir exportando recursos primarios, sin agregarles el valor del trabajo, del conocimiento y de nuestro talento. Esa es la plusvalía que marca diferencias
La otra cuestión que me viene a la memoria tiene que ver con el discurso pronunciado por el presidente de la Comisión de Presupuesto y Hacienda. Realizó un enorme esfuerzo por defender este proyecto me parece bien-, pero dijo algo muy significativo que me trajo otro recuerdo. Sostuvo que tenemos muchas cuentas pendientes. ¡Vaya si hay cuentas pendientes! Nadie pretende que un gobierno, o una generación de argentinos, solucione las cuentas pendientes después de tantos años de despropósitos en este país.
En realidad, trajo a mi memoria que ése debió haber sido el discurso del gobierno el sábado en la Sociedad Rural Argentina, porque la objeción del campo fue la objeción de un sector, quizás uno de los más beneficiados por el buen rumbo de la economía que hoy sigue el país.
Tan evidente es lo que he dicho que el señor secretario de Agricultura estaba frente al récord de ventas de maquinarias agrícolas fabricadas en nuestros talleres, cuestión que hacía años no sucedía. Debió haber pedido a la Sociedad Rural Argentina que se ratificara el rumbo del gobierno, e invitarla a conversar sobre los problemas e inconvenientes del campo. En definitiva, el campo representa a un sector de la vida argentina. Hay muchísimos otros sectores, y el gobierno representa el interés general.
No se puede construir un país dando respuestas que tienen que ver con la ideología: la derecha reaccionaria o la derecha angurrienta. Nos podemos sentar a una mesa y conocer cuál es el precio de la carne y cómo está el tema de las retenciones agropecuarias, porque de lo que se trata es de conciliar intereses.
Me parece que fue un error del secretario de Agricultura no haber ratificado las bondades del rumbo que sigue la economía argentina y haber pedido al campo un esfuerzo superador.
En relación con estos impuestos quiero decir que el anuncio parece estar dirigido a bajar la presión tributaria. También debería merituarse si coadyuva al objetivo de incrementar la calidad y el monto de las inversiones. Para esto sirve una política impositiva. Es obvio que a todos nos gratifica que miles de trabajadores argentinos algunos hablan de 800.000 se vean beneficiados con esta baja impositiva.
Por otra parte había que reconocer que quizás se trate de una actualización de los mínimos como consecuencia de los índices inflacionarios y la suba de los salarios por la aplicación de dichos índices. Convengamos que esta iniciativa es un parche en un traje de plomo en un sistema impositivo regresivo e injusto que grava el trabajo y no estimula la reinversión de utilidades, mientras escapan de la recaudación las operaciones bursátiles y de especulación muchas veces generadoras de rentabilidad sin riesgo.
La regresividad es evidente porque quedan fuera los autónomos y los monotributistas. Si bien podemos hablar de esta reducción impositiva, creo que la objeción que podemos hacer a esta iniciativa es que no permite debatir la política tributaria como una variable que debe articularse con la política financiera, económica, salarial y presupuestaria.
No podemos obviar este debate impositivo que necesariamente debemos dar. Si no lo hacemos ahora con precios internacionales favorables, con un valor del crudo que torna atractivo catear reservas en países como el nuestro, con superávit comercial y fiscal, y 44.000 millones de dólares en el Banco Central, ¿cuándo vamos a hacerlo? ¿Cuando hayamos perdido el abastecimiento? En ese momento será tarde, como lo es ahora para las industrias por la mora que han producido los cortes y el aumento de sus costos.
En estos días se ha conocido un estudio que demuestra cuánto cae el PBI por la falta de energía. Pues bien, si la política impositiva no despeja esa restricción, es una riqueza que se extrae al sector privado sin sentido provechoso y que no sirve para achicar la brecha social ni para equilibrar nuestro maltrecho federalismo.
El impuesto debe estimular mayor producción para que aunque sea menor la carga por unidades, la mayor cantidad de bienes provea más ingresos al fisco.
Regodearse de los récordes recaudatorios sin analizar sus consecuencias en la inversión y la reproducción ampliada de riquezas, es mirar con un solo ojo el proceso de acumulación que determina la suerte de nuestra sociedad y el modelo de reindustrialización presente en el discurso oficial, visible en algunos segmentos productivos y ciertas regiones pero demasiado sujeto todavía a la coyuntura internacional de precios.
Mantener y consolidar el rumbo, recrear confianza en nuestros emprendedores, atraer capitales con tecnología, diseminar inversiones en todo el territorio no sólo en el litoral y regiones agropecuarias exige políticas estables, no expuestas a arrebatos electorales que lastiman la previsibilidad y manejo de las variables económicas; con leyes consensuadas entre todos los sectores que participan de la actividad productiva del país. No podemos más que apoyar y aprobar esta iniciativa porque de lo contrario seríamos contradictorios con nosotros mismos”.